miércoles, 9 de noviembre de 2016

El fin, Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges
(1899–1986)


El fin
(Artificios, 1944;
Ficciones, 1944)





         Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente…
         Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aun quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercio de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de la novelas concluímos apiadándonos con exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia.
         Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que no; el negro no cantaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato con el cencerro, como si ejerciera un poder.
         La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa. Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería.
         Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:
         —Ya sabía yo, señor, que podía contar con usted.
         El otro, con voz áspera, replicó:
         —Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.
         Hubo un silencio. Al fin, el negro respondió:
         —Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.
         El otro explicó sin apuro:
         —Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos.
         Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.
         —Ya me hice cargo —dijo el negro—. Espero que los dejó con salud.
         El forastero, que se había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña y la paladeó sin concluirla.
         —Les di buenos consejos —declaró—, que nunca están de más y no cuestan nada. Les dije, entre otras cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre.
         Un lento acorde precedió la respuesta de negro:
         —Hizo bien. Así no se parecerán a nosotros.
         —Por lo menos a mí —dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta—: Mi destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano.
         El negro, como si no lo oyera, observó:
         —Con el otoño se van acortando los días.
         —Con la luz que queda me basta —replicó el otro, poniéndose de pie.
         Se cuadró ante el negro y le dijo como cansado:
         —Dejá en paz la guitarra, que hoy te espera otra clase de contrapunto.
         Los dos se encaminaron a la puerta. El negro, al salir, murmuró:
         —Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero.
         El otro contestó con seriedad:
         —En el primero no te fue mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo.
         Se alejaron un trecho de las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó las espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo:
         —Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.
         Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.
         Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó. Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.

martes, 18 de octubre de 2016

Materiales audiovisuales Martín Fierro

Página de la Biblioteca Nacional
recomiendo Ciclo de TV Cuentos Bicentenarios: Martín Fierro y Cine: Martín Fierro, la película (los links están dentro de esta página de Biblioteca Nacional)

Para completar (opcional), una película wenster-guacha del director Fernando Spiner
Película Aballay, el hombre sin miedo

lunes, 6 de junio de 2016

Película 13 Guerreros

Miren la película 13 Guerreros protagonizada por Antonio Banderas

Tomen apuntes de lo siguiente:

  • costumbres de los hombres de Beowulf y del árabe en cuanto a su vestimenta, armamento, creencias religiosas, higiene y comidas, y otras tradiciones que les llamen la atención.

  • formas de dirigirse a los reyes (fórmulas de cortesía, gestos, etc)
  •  
  • rituales de preparación de la muerte de los guerreros (en especial de Beowulf)

  • creencias religiosas de los enemigos del Hérot y estrategias de batalla

lunes, 23 de mayo de 2016

spbre violencia de género

https://docs.google.com/document/d/1eRqyZy5vvdAhTLOGFMcwJtod13og5G9f57vsjjLoPuA/edit?usp=drive_web

agrego link para que vayan leyendo un análisis de hechos recientes

viernes, 8 de abril de 2016

sugerencias

Sugerencias para la presentación:

si bien no van a usar Power Point , tengan en cuenta algunas de las consideraciones de estos enlaces que les agrego,el manual de oradores TED  y Muerte por power point
  • lean y seleccionen qué información van a brindar oralmente 
  • asegúrense de entender de qué están hablando
  • armen un esquema previo
  • preparen notas
  • piensen enganches para su público: preguntas disparadoras, ejemplos de la vida cotidiana, imágenes llamativas
  • seleccionen bien la información para el soporte visual: es mejor información precisa y atractiva que abundar en largos textos que nadie va a leer
  • el diseño es fundamental, las imágenes, distribución y colores ayudan a captar mejor los mensajes

miércoles, 6 de abril de 2016

Exposición oral

para el miercoles 13/4 en grupos que no superen los 4 integrantes presentar una exposicion oral sobre uno de los siguientes personajes miticos: Helena Penelope Casandra Medea Ariadna Antigona

miércoles, 30 de marzo de 2016

Novela de lectura domiciliaria

La primera lectura domiciliaria va a ser la novela Es tan difícil volver a Ítaca de Esteban Valentino. Si alguien encuentra una versión mejor los invito a compartirla. Si quieren que les lleve la fotocopia me la encargan (hasta el lunes 4) o le preguntan a los alumnos del año pasado. La fecha límite para leerla es el miércoles 13 de abril (dentro de dos semanas)

viernes, 25 de marzo de 2016

24 de Marzo

La historia de la medida de la memoria


Cuentan los viejos más viejos de los nuestros, que los más primeros dioses, los que nacieron el mundo, repartieron la memoria entre los hombres y mujeres que caminaban el mundo. Buena es la memoria -dijeron y se dijeron los más grandes dioses- porque ella es el espejo que ayuda a entender el presente y que promete el futuro.
Con una jícara hicieron los más primeros dioses la medida para repartir la memoria y fueron pasando todos los hombres y mujeres a recibir su medida de memoria. Pero resulta que unos hombres y mujeres eran más grandes que otros y entonces la medida de memoria no se veía igual en todos. Los más pequeños la brillaban más plena y en los más grandes se opacaba. Por eso dicen que dicen que la memoria es más grande y fuerte en los pequeños y es más difícil de encontrar en los poderosos. Por eso dicen también que los hombres y mujeres se van haciendo cada vez más pequeños cuando envejecen. Dicen que es para que más brille la memoria. Dicen que ese es el trabajo de los más viejos de los viejos: hacer grande la memoria.
Y dicen también que la dignidad no es más que la memoria que vive. Dicen.
Vale. Salud y que la memoria cumpla su cometido, es decir, haga justicia.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos

miércoles, 23 de marzo de 2016

Bienvenidos

Hola chicos, bienvenidos al blog de literatura. Les agrego el link con el contrato pedadógico por si alguno lo quiere consultar desde aquí. Recuerden llevar $5 para fotocopias el miércoles para empezar a trabajar.